Puede que año tras año, esos objetos sigan ahí en el mismo sitio, pero nos gusta volver a descubrirlos, porque los miramos como si fuera la primera vez, nos traen recuerdos, ese aroma a madera, a óxido y a lana de oveja, entremezclado con polvo, nos transporta (en bicicleta) a nuestra infancia
Estamos seguras de que nuestra vocación y amor por el interiorismo y la decoración nació un verano de nuestra infancia al final de esa escalera.
Es por eso que mucho más allá del valor material de los objetos, nosotras nos quedamos con el valor EMOCIONAL, y es esta emoción la que nos lleva a otro valor, el de la la reutilización.
Reutilización es una palabra que a menudo se relaciona con objetos de poco valor, pero… de qué valor estamos hablando? Piénsalo un poquito y te descubrirás a ti misma colándote en ese desván, llevándote a casa aquella mesita de tu abuela, y pensando que no es que encaje exactamente con el estilo de tu casa, pero indiscutiblemente encaja contigo, y eso hará que todo funcione…
Así comienzan las historias de Segundas oportunidades…
EL SECRETO DE UNA BONITA CASA ESTÁ EN LAS EMOCIONES Y RECUERDOS DE QUIEN VIVE EN ELLA”
.
Y no hace falta que tengas pueblo, ni desván, ¡para nada!! Cuando uno de esos objetos sale a tu paso, abandonado al lado de un contenedor, o en un mercadillo, o en casa de tus padres…, haz el ejercicio de mirar más allá de los materiales de los que está hecho, pregunta acerca de su historia…, o incluso puedes imaginarte esa historia! y ese valor emocional aparecerá.
